domingo, 13 de marzo de 2016

La ronda



Y es ahora, en esta noche, que yo te veo bailar y tú a mí. Es increíble que con tantos encuentros y salidas previas no hubiéramos bailado un solo minuto. Abrazos, besos y todo lo demás cumplieron su función natural antes de este ritual clásico de seducción. Pero ahora, tú y yo aquí, juntos, bailamos en esta gran reunión social. Todos en el grupo de amigos observaron cómo te saqué a bailar, cuchicheando y reafirmándose en sus sospechas. Las sospechas que siempre engendra lo nuestro, tan volcado a lo discreto. Pero, ¿quién puede contra el amor, aunque este sea furtivo, ajeno a las miradas del prójimo?

¡Qué carajos importa lo que piensen los demás! Tú y yo, en cambio, gozábamos de breves minutos de entrega dancística. No importa lo que tocasen, ya ni quiero acordarme, me acuerdo de la calidez de tu cercanía en medio del fuego de la fiesta. Todos haciéndonos la corte, nosotros celebrándolos a ellos.

Y luego, todo se transformó en una ronda. Nuestros cuerpos fueron separados, nuestras manos tomadas por manos ajenas, pero nos veíamos. Pude ver cómo girabas así como yo, tu rostro sonriente, la mirada cómplice. Cada 360 grados volvía a observarte y tú a mí. Tu gran sonrisa y tu mirada intensa desbordaban mi ser, yo te devolvía con igual pasión lo que me provocabas. ¡Con cuánta gracia se deslizaba tu cuerpo! ¿Quién giraba en torno a quién?

En eso, nuestros teléfonos sonaron. Nos esperaban en casa y debíamos cumplir la rutina de siempre: ir a cumplir con el oficio de respetar los sacrosantos compromisos familiares. Nos dimos el beso mustio de la frustración, esperando que la próxima vez no sea tan corta la ocasión.

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Cabellera

Hermosura de tu cabello suave, recogido en cola. Ondas de luz que oscilan dulcemente al compás de tu caminar regio. Al reposar sobre tu cuerpo, cobra atractivo propio y llama a acariciarlo eternamente, con adoración. 

¡Bienaventurados todos los que han podido realizar ese acto de contemplar la divinidad desde el horizonte de tu pelo!

Cada vez que veo a alguien así, de espaldas, imagino que estás ahí. En esos momentos, deseo que el ensueño no termine en la frustración del cuello rotando, mostrando un rostro diferente, revelando que no eres tú.

Tu cabellera vital, tu cabellera caballito, era mi alegría cada vez que te veía ir a tu paradero. El día de nuestra despedida, cuando decidimos poner punto final a nuestro sueño y vivir la cruda realidad, volteé a mirarte por última vez. Tu cabellera me seguía diciendo "adiós, no te olvidaré", dejándome con la dulzura de este recuerdo.

jueves, 24 de diciembre de 2015

Carta perdida


Algo que extraño tanto como a ti, es a tu carta. Tu carta quimera. Esa carta que escribiste con tanta emoción e impulso sentimental, que me dedicaste y en la que expresabas las alegrías, dudas y temores en torno a nuestra relación. Esa carta que desapareció sin que yo sepa muy bien por qué. ¡Miserable desaparición!

La extraño, sí. Tanto como a ti. Extraño las sinuosidades de tu escritura, la cadencia y el sentimiento de tu letra, anhelante de señales en pro de un futuro mejor. Yo te juré que la iba a conservar como oro puro. Promesa frustrada por la maldad que eternamente nos acecha a todos los hombres.

No fuiste la primera mujer que me escribió una carta, pero fue la carta más emotiva que nadie me escribió jamás. ¡Cuánto confiaba entonces en que nuestro vínculo habría de reemplazar las amarguras de antiguos amores no correspondidos, y que lo nuestro se iba a convertir en oda al amor verdadero, al amor descubierto luego de tantas equivocaciones!

Pero no fue así. Hoy tu carta quimera se perdió, nuestra relación entró en estado agónico, y yo aún lamento tu vacío. Y por supuesto, lamento la ausencia de tu carta, esa hoja escrita con tu mejor canción, que tal vez ya no recordarás. A pesar de todo, anhelo que el pasar del tiempo nos ilumine la mente, y que los caminos que nos separan vuelvan a converger. Para entonces, haremos una nueva carta, escrita con la tinta de nuestro amor, que permitirá que la quimera se haga realidad.

jueves, 17 de diciembre de 2015

Escatológica


Cuando el remolino del devenir anuncia el gran evento
entonces las alarmas de la caverna
que gobierna el cosmos
hacen prever un cataclismo
que afectará todo lo existente.

No serán suficientes los llamados al orden
esos intentos de secar la lava
con un vaso de agua
o parar los efectos del asma de la materia
con una respiración oxigenante del alma.

El revoltijo de los acontecimientos vendrá
como una gran y ciega voluntad
desde más allá de lo sensato
y ocasionará la muerte del fuego
hasta la próxima astucia de Prometeo.

martes, 24 de noviembre de 2015

Tristeza ajena


Así pues, en medio de la estación, te he encontrado a ti, respirando soledad. Cualquiera que sea el motivo, es claro que una pena te agobia. Y yo te entiendo. Créeme que te entiendo. Tu mirada perdida en el horizonte, tu rostro brillante por los restos de una lluvia interior, no hacen sino resaltar tu dulce piel. Hermosa apariencia, que ya no puede (ni quiere) seguir ocultando un alma destrozada, y renuncia a seguir fingiendo.

Palabras suaves las que pronuncias, que se pierden en el aire, al compás de lo que escuchas desde tus auriculares. ¿Música para recordar y no morir en el intento? O tal vez sea la voz grabada de alguien amado, llena de promesas de futuro en estado de suspensión. Los sonidos que brotan de tus labios emanan una triste y dulce sencillez, que encierra un profundo anhelo de trascender.

En tu gesto suplicante, tal vez pidiendo olvidar a gritos, me doy cuenta que existe una grandeza que merece ser narrada por un mejor escritor. Mientras llega ese momento, múltiples trenes pasarán, dispuestos a llevarte al destino que elijas. Yo solo te miro y admiro tu valentía, que te permite enfrentarte al que dirán con la fuerza de la ternura. Desde mi propio desconsuelo, te abrazo con la mente.

martes, 17 de noviembre de 2015

El silencio de tu querer


Cuánta ansiedad me provoca tu vacío, pero a la vez cuánto misterio encierra el silencio de tu querer. Has mutado en un ente volátil, presente-ausente, y acompañas mi soledad. Te tributo así un amor despojado de límites, tal vez impropio de un mortal, un vestigio de antiguos principios transhumanos insertados en mis genes.

Ocasiones hay en que mi mente, harta de tanta orgía sentimental, me ordena que deje de esperanzarme en el retorno de lo nuestro. Pero mi yo más auténtico se resiste, y así, la posibilidad de una segunda era de felicidad a tu lado sigue encabezando mis expectativas.

Otras veces me siento el protagonista de esa vieja película china que vimos juntos, que al ver frustrado su deseo de quedarse con la mujer que amaba, decidió peregrinar a un famoso templo budista. Inclinado sobre una de sus paredes, y haciendo un hoyo para confiar su secreto al cielo, dejó su proyecto en manos de la trascendencia.

De esa misma forma he procedido. Yo, que carezco de religión pública, he comenzado un viaje a mi Camboya interior, para intentar consolarme de tu no ser. Es ahí, en la plenitud de mis altares privados, donde te reconoceré como mi diosa coronada, la que le dio sentido a mi universo, actualmente dividido por la inmensidad del abismo que nos separa.

sábado, 7 de noviembre de 2015

Instrucciones para no desilusionarse (en clave musical)


Pónganse sus auriculares. Eso le dará una apariencia de adolescente distraído, y si tiene más de treinta años, no le caerá muy bien. Pero no importa. Usted está viviendo el desarraigo, y eso le permite ciertas licencias.

Una vez así, encienda su repertorio musical. Como usted está triste, ponga música enérgica. La letra es importante, pero mucho más lo es el sonido, que no debe ser ni tan melódico ni tan turbio. Eso generará el clima de revitalización que usted desea para sus propósitos.

Si llega a sintonizar una canción de su gusto, tararéela con todas sus fuerzas. Vamos, hágalo: es mejor que respirar la soledad en la oscuridad de su habitación. Siga la melodía en su estado más salvaje y empariéntela a los más encendido de sus deseos. No escatime esfuerzos en fusionar su espíritu con la música más sublime, hágase canción en cada entonación.

De encontrarse con el siguiente estribillo:

¡Como el viento, voy a ver,
como el viento, voy a ver,
si es que puedo amarte...!

Entonces póngase alas, acumule tensión en sus cuerdas vocales y cante con la determinación que se espera de un hombre. Si es posible, corra a lo largo de la calle, extienda los brazos como queriendo elevarse. Deje atrás toda la tristeza de su espíritu idiota. Avance hasta el infinito, y atrévase a seguir viviendo la emoción en lo profundo de su mente. Mande al carajo a la gente, ignore sus miradas llenas de sorna y compasión. ¡Atrévase a ser libre afincado a su ilusión...!